
“Quiero comprometerme contigo, no quiero dejarte ir”, así me dijo él, tocando mi mano y viéndome a los ojos el 17 de diciembre del 2011. Recuerdo que mi mano no dejaba de sudar, de mi boca no salió ninguna palabra, había quedado mudo.
Cuando entre en razón la felicidad que sentía no sé cómo explicarla, es que siempre quise escuchar esas palabras de su boca. Esa noche llegamos a mi casa comimos y nos fuimos a mi cuarto… Recuerdo que hicimos el amor, nos hicimos uno. La experiencia de volver a sentir su pecho, sus besos, su barba...