
No quiero estar en esta cama acostado por el resto de la tarde, tengo ganas de que algunas manos me toquen, me acaricien el cabello, que suban mi franela, y algunos labios besen mi pecho. En cambio, estoy acostado con mi camisa bien arrugada, mi cabello despeinado, mirando el techo, y de vez en cuando me volteo y quedo boca abajo, con la cara hundida en la almohada buscando la forma de asfixiarme.
La casa está sola, como yo, solo. Me gusta hacerle compañía, no creo que a ella le guste hacerme compañía, seguimos solos, camino por cada habitación...